Aumento de muertes
Una cifra explica su éxito: Japón registró en 2011 unas 23.000 muertes más que en 2010, según informó la agencia de noticias Reuters. La consecuencia es que la población tiene que esperar una media de cuatro días entre el fallecimiento y la creamación del ser querido. Demasiado para un cádaver. Hisayoshi Teramura, propietario de Lastel, asegura que concibió el proyecto como una alternativa para que las familias no se vieran obligadas a mantener los cuerpos en sus domicilios.
Sin burocracia
Teramura ofrece alquilar ataúdes refrigerados por unos $160 al día. Solo disponen de dieciocho unidades, lo que no permite hacer frente a la saturación de las morgues. En todo caso, por algo se empieza. En Japón resulta muy complicado obtener permisos para la apertura de nuevos crematorios. En cambio, abrir centros como Lastel no requiere una mayor burocracia que arrancar un negocio normal. Por eso esta tendencia tiene toda la pinta de triunfar a corto plazo.
Apocalipsis funeraria
Los expertos calculan que la cima de mortalidad se alcanzará en Japón en 2040, año donde fallecerán 1,66 millones de personas. Habrá entonces 20 millones de habitantes menos que ahora, un récord negativo que supera el impacto de muchas hambrunas y descensos de población causados por la guerra. La explicación a este fenómeno es que estarán muriendo los representantes de la generación del "baby boom" nipón.

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